10 octubre, 2006

Federico... Antonio Herrero... se ha muerto.

Libertad Digital adelantó ayer parte del contenido de un nuevo libro de Federico, el radiopredicador de la COPPE, teniendo que reconocer que me he divertido una vez más con las palabras de tan insigne desinformador. Lo curioso desde mi punto de vista es que esta vez LoSantos no sólo se queda en la crítica feroz a todo lo que huela a izquierda o a PSOE, sino que además revela lo que ocurrió en un encuentro con el anterior Presidente del Gobierno en el cual Aznar le pide a él y a Luis del Olmo que traicionen al entonces buque insignia de la COPPE: Antonio Herrero.
Hay una frase que me ha llamado especialmente la atención:


"...Y Aznar siguió sin desmentir que ése era precisamente el objeto de la cena: anunciarnos la condena de Antonio, si de él dependía, y la voluntad de salvarnos de la quema profesional a nosotros dos."

Si esto es verdad, el expresidente Aznar está quedando a la altura del betún y además se nos revela el intento de manipulación a un comunicador independiente por parte del señor del bigote. Sin embargo, esto no es lo más relevante y, la verdad, no sorprende a nadie. La verdadera sorpresa y colofón de la historieta es la llamada telefónica que recibe LoSantos a la mañana siguiente:

-"Federico... Antonio Herrero... se ha muerto".

Una noche antes, -recordemos-, ¡Aznar le había condenado!.
¿qué haría un peón negro con esta información si los protagonistas de la misma hubieran sido de izquierdas?.

Yo, por supuesto, sólo lo digo en broma, aún a pesar de que las palabras del gran escritor liberal pueden confundir a algunos.

"Aznar estaba francamente molesto, qué digo molesto, verdaderamente enfadado; bueno, enfadado es poco; absolutamente indignado, pero indignado del todo, ilimitada, superlativa, apocalípticamente, con Antonio Herrero".

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo con contigo, el "pequeño talibán" odia al "pistolerito de Fachadolid" y lo deja muy mal, hasta se podría pensar que en la asquerosa muerte de ese otro talibán del Opus, tuviera algo que ver Aznar

anghara dijo...

ACLARO: el rinoceronte loco me está suplantando en otros blogs.

Pues eso, que no soy yo. Es el rinoceronte loco (Anacreonte) que no se ha tomado la pastillita y anda revoltoso.

Así que os informo que si en vuestro blog aparece un tal "anghara" y dice alguna barbaridad es el pirado ese.

Me vi obligado a banearlo porque no estaba de acuerdo con sus opiniones. También he implantado la censura en mi blog. Ahora tengo menos post pero más selectos.

Estaba tan enfadada que he estado a punto de cambiar el título de mi blog de "Es la libertad de expresión, idiotas" por "Esto no es la libertad de expresión, imbéciles" pero al fin no me he decidido.

Nada más. Que disfrutéis del puente de la Hispanidad.

Jesús dijo...

¿será anghara de verdad?

AnaCreonte dijo...

Yo no lo digo en broma Jesús.
El último libro del pequeño talibán ha tenido un éxito impresionante de ventas, (en sólo 24 horas se agotó la primera edición) y no es de estrañar porque dijo que lo iba a "contar todo" y no sabemos si lo ha contado todo, pero lo que sí sabemos es que ha contado mucho.

Repetiré citas de tu post para poder seguir el hilo lógico de la conversación entre Aznar y los dos periodistas.
FJL nos cuenta la cena en la Moncloa:
"Y Luis y yo nos parapetamos tras dos descafeinados con leche, dispuestos a enterarnos, por fin, de la razón de aquel encuentro.
"Pronto se despejó la incógnita. Aznar estaba francamente molesto, qué digo molesto, verdaderamente enfadado; bueno, enfadado es poco; absolutamente indignado, pero indignado del todo, ilimitada, superlativa, apocalípticamente, con Antonio Herrero. (...) 'lo de Antonio Herrero en La mañana' le resultaba 'intolerable'. Y una y otra vez, mientras cuidaba con eficacia sonámbula la combustión del habano, repetía la misma palabra: 'Intolerable'.

"Por lo visto, Aznar había decidido empezar el desalojo de los parientes pobres, incluso de las habitaciones de servicio. Y el primero tenía que ser, naturalmente, 'El primero de la mañana'. O sea, Antonio Herrero."

Llegados a este punto, el periodista homónimo a Antonio Herrero lo defendió:

"-Mira, Presidente, antes de seguir, que el malentendido no quede entre nosotros: antes me colgarán del palo mayor que traicionar a Antonio".

El presidente guardó silencio:

"Y Aznar siguió sin desmentir que ése era precisamente el objeto de la cena: anunciarnos la condena de Antonio, si de él dependía, y la voluntad de salvarnos de la quema profesional a nosotros dos. Siempre que respaldásemos su postura, obviamente. O, lo que venía a ser lo mismo, siempre que no hiciéramos causa común con el condenado."

Al decirle ambos periodistas que ellos no se prestarían a defenestrar al amigo,

"Entonces, Aznar, poseído por una especie de furia muscular, se levantó y empezó a pasear junto a la mesa, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, siempre con el puro por delante, en involuntaria parodia de Groucho Marx. "

En difícil situación dejaba a los periodistas de la COPE ¿cómo le transmitirían a su amigo Antonio la decisión de Aznar?

"-¿Y quién se lo dice a Antonio? Desde luego, yo no." Dice LH cuando salen de la Moncloa.

No fue necesario decírselo:

" Serían las seis [de la tarde] cuando sonó el teléfono. Supuse que era Luis, para comentar la cena del día anterior. Y, efectivamente, era Luis. Al principio, por la voz entrecortada, creí que no lo entendía bien. Luego me di cuenta de que no era el teléfono, ni el llanto. Era que no quería oír lo que me estaba diciendo:

-Federico... Antonio Herrero... se ha muerto."

A FJL le resultó difícil escribir el obituario para el periódico del día siguiente:

"Tampoco podía contar, ni siquiera insinuar nada sobre la cena del día anterior en La Moncloa, la animadversión de Aznar y la absoluta soledad profesional en que se había quedado Antonio".

La lectura del pormenorizado relato de FJL crea en el lector gran desasosiego. Antonio Herrero había muerto al día siguiente de la famosa cena en extrañas circunstancias, ahogado en su escafandra de buceo. Se presume que se analizaría que en la bombona de oxígeno no hubiera otra cosa que oxígeno, pero la terrible coincidencia nos lleva a hacer inevitables asociaciones de ideas.

Un procedimiento elemental de la policía de investigación ante una muerte sorpresiva es descartar la posible intervención de los que pudieran beneficiarse con la desaparición de la víctima. FJL nos cuenta que no habían pasado ni veinticuatro horas desde que Aznar les pidiera la "quema profesional" de la víctima.

El capítulo completo se puede leer en El Mundo bajo el título de "LA MUERTE DE ANTONIO HERRERO"
http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2006/571/1160258401.html

e. serra dijo...

No es de Valladolid, es de la calle Ibiza de Madrid

Interneteca dijo...

Hola. En primer lugar quería felicitarte por tu weblog. Tiene unos contenidos muy interesantes y se ha situado recientemente entre mis lecturas favoritas.

Pero no sólo te molesto para eso. También te invito a participar en Blog Hispano, una comunidad de weblogs en castellano en la que, a cambio de un enlace, recibirás varios enlaces, apoyo y soporte y la posibilidad de ganar dinero, enlaces de alto PR y otros premios en los concursos. Saludos.

Small Blue Thing dijo...

Ya lo dije en los Pezones Blancos: esto no tiene nada de gracioso. Por mal que me caiga Aznar, ya tengo bastante de él como para acusarle a lo tonto de crimen de Estado. Me pregunto qué favor le habrá negado el PP al talibán de sacristía para que suelte esta perla...

Anónimo dijo...

Hasta el momento, el único gobierno que se ha demostrado que asesinó (que también corrompió y robó) es el de González. Muchos ases tenía en la manga como para no estar aun compartiendo celda con el resto de sus ministros..

Respecto al libro de JL, creo que deberíais leerlo entero antes de criticarlo. Tiene algunos capículos acojonantes... Y no vale decir que se ha leido hojeandolo un poco en la tienda.

Anónimo dijo...

la muerte de antonio herrero......¿asesinato maquillado como accidente?

Anónimo dijo...

domingo iturbe abasolo (txomin) murió en extrañas circunstancias